A seguro se lo llevaron preso:
Es un dicho que, en su origen español, habría sido a Segura lo llevaron preso,
en el que se produce un juego de palabras entre el apellido Segura y el adjetivo seguro/a. Aparentemente, se referiría al castillo de la villa jienense
(de Jaén) de Segura de la Sierra, que sirvió de prisión. Para algunos,
era una cárcel para delincuentes comunes en la que la vida era muy dura y
sobrevivir se
convertía en un logro casi inalcanzable; para otros, era un lugar de
detención de personajes de cierta alcurnia, con lo que las condiciones
de vida no eran tan malas y el tiempo de permanencia de los presos no
era muy prolongado.
De cualquier forma, la expresión alude a la posibilidad de que, no
importa la condición social de las personas, a cualquiera le cabe la
posibilidad de ser encarcelados si no ponen cuidado en sus acciones.
Originariamente, la frase
pudo haber sido A Segura, lo llevaron preso, como diciendo "a ese lugar (Segura), fue donde lo llevaron
preso". En nuestro país, se utiliza la frase para dar a entender que
nadie está exento (seguro) de que le pase algo, bueno o malo.
A tontas y a locas: Según
el Diccionario de la Real Academia Española, significa “hacer una cosa
con desbaratamiento, sin orden ni concierto” Es frase muy antigua, que
se
encuentra ya en Don Quijote en los versos truncos, de cabo roto, que
dirige Urganda la Desconocida, en la parte poética preliminar de la
novela. Por cierto que entonces Cervantes, jugando con el vocablo,
emplea esta segunda imagen
no sólo como expresión adverbial sino en su simple sentido, llamando
tontas y locas a las doncellas que se entretenían en vanas locuras. Algo
parecido pasa con la historieta atribuida al dramaturgo contemporáneo
Jacinto Benavente,
a quien, habiéndole propuesto unas damas que pronunciara una conferencia
en un club femenino, allá por los años veinte de nuestro siglo,
contestó que no le gustaba improvisar, hablar “a tontas y a locas”,
jugando con el sentido
literal y el sentido adverbial del vocablo. Sin embargo, hemos de añadir
que esta anécdota, como tantas otras, ha sido atribuida a Jacinto
Benavente un tanto a la ligera. Aunque es posible que se expresara tan
sarcásticamente, es
seguro que la frase no era suya. Efectivamente, el licenciado Juan de
Robles en su primera parte de El culto sevillano, obra del siglo XVII,
escribe, refiriéndose al fraile agustino fray Juan Farfán: “Convidáronle
ciertas monjas
para predicarles un sermón grave, dándole poco lugar de estudiar.
Subióse al púlpito y escusóse de ello y remató la escusa diciendo: "Pero
al fin, hoy predicaremos a tontas y a locas, como pudiéramos"”. Éste
debió de ser un
chascarrillo bastante vulgar en los postreros años del siglo XVI puesto
que se registraba también en los Diálogos de apacible entretenimiento de
Gaspar Lucas Hidalgo (Barcelona, 1605). Y asimismo en Luis Quiñones de
Benavente, en
el siglo XVII, pues el personaje Cosme dice en su Entremés del soldado:
De aquestas palabras pocas no os agraviéis, damas, no; que ya se sabe
que yo lo digo a tontas y a locas.
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